MI PRIMER WATERS

HAIRSPRAY se estrenó, en marzo de 1988,marcando el ingreso de John Waters al mainstream. Hollywood estaba dispuesto a abrazar a
El Rey del Trash
El Príncipe del Vómito
El Barón del Mal Gusto.
HAIRSPRAY fue la primera película de Waters calificada “apta para todo público” que echaba una mirada nostálgica y afectuosa sobre los años ’60, y recordaba con ironía el ingenuo optimismo “revolucionario” de aquella década.
El conflicto central de la película:
la lucha contra la segregación racial.
La música que todos bailan –rock, rockabilly, algo de soul– tiene raíces negras, pero los negros tienen su participación vedada en el programa, excepto un día al mes, el Negro Day, cuando la adolescente Tracy Turnblad se convierte en la sensación del show –a pesar de su rechonchez y de su origen de clase media baja–, amenazando con destronar a la remilgada rubia Amber von Tussle (y a su madre Velma, que controla marcialmente su carrera), aprovecha su popularidad para abogar por la integración racial en Baltimore.
“Yo me enorgullezco de que mi obra no tenga valores socialmente redimibles”, dijo por su parte Waters tantas veces.
“Todavía hoy me encanta vivir en Baltimore, porque es una ciudad muy inspiradora. Es una ciudad donde todos se creen normales, pero están muy locos”. John Waters